¿quién soy?
Mi nombre es Begoña.
Y si has llegado hasta aquí, probablemente quieras saber algo más que mi profesión, mis títulos o lo que hago.
Quieres saber por qué.
Por qué terminé dedicándome a esto. Por qué miro el mindfulness de esta manera. Y qué camino tuve que recorrer para llegar hasta aquí.
No tengo una respuesta definitiva para quién soy.
Pero sí tengo una historia que contarte.
Y empieza mucho antes del mindfulness.
¿DE DÓNDE VENGO?
Nací en un pueblo de Barcelona. Vivo en Donostia.
Y he tardado casi medio siglo en entender que mi hogar no es un lugar.
Es un latido que me lleva de vuelta a mí.
Estudié Trabajo Social por vocación. Desde niña tenía claro que quería aliviar el sufrimiento del mundo.
Durante años pensé que para conseguirlo tenía que mirar hacia fuera: ayudar, cuidar, sostener, resolver. Y durante mucho tiempo fui experta en poner a cualquier otra persona por delante de mí.
Hasta que entendí que, si no sabía cómo estar conmigo, difícilmente podía acompañar a otros a estar consigo mismos.
Así que empecé a buscar dentro.
Y ahí comenzó otra parte del viaje.
mi cuento
Hay cosas que no sé explicar hablando. Así que un día las escribí.
Érase una vez que se era una niña NO consciente, en permanente búsqueda de ella misma, de mi misma. Estaba viviendo una travesía de retorno a casa pero no contaba con mapa, ni dirección alguna, ni siquiera tenía una mínima idea del camino que había de tomar. Vagaba por el mundo perdida, asustada, sola… Una soleada tarde de primavera en la que estaba ensimismada observando cómo las mariposas se posaban sobre las flores, algo que no pude identificar pasó velozmente por mi lado, rozándome el brazo; en ese mismo experimenté una sensación que nunca antes había sentido…fue como un escalofrío que recorrió mi cuerpo de abajo hacia arriba para tornarse en chispa que me incendió por dentro. Sin darme tiempo a pensar, mi instinto hizo que me levantara del suelo como un resorte y de repente me vi corriendo tras algo que ni siquiera había podido llegar a ver, pero que me llamaba a gritos. Hasta ese día habían sido gritos silenciosos, o quizás es que mis oídos habían estado sordos…pero esta vez los podía oír perfectamente.

Corrí por el bosque tan rápido como pude para no perder de vista aquello que estaba persiguiendo y que aún no sabía qué era. En una fracción de segundo me percaté de que era algo parecido a un conejo y se estaba metiendo en una gran madriguera…¡Qué extraño!…nunca antes la había visto a pesar de haber estado paseando infinidad de veces por aquél lugar…
Me acerqué rápidamente y algo dentro de mi me dijo: -«¡¡SALTA!!»- y justo cuando iba a hacerlo una voz gritó: -«¡PARA, STOP! ¿Dónde te crees que vas, desgraciada?» Busqué con la mirada de donde provenía semejante grito porque allí no parecía haber nadie….y ahí estaba él; un pequeño ciempiés que alzaba sus patitas con intención de detenerme.
-«¿Yo?¿Que qué hago yo?»-le contesté-«Pues saltar dentro…¿pero no has visto lo que acaba de entrar?» -«Por supuesto que lo he visto, ¿por quién me tomas? No soy ciego»-me respondió ofendido y elevando aún más el tono de su voz. -«Vaya, para ser tan pequeñito tienes una voz muy potente….» -observé extrañada.
-«Sí, bueno…»-me respondió con un atisbo de arrogancia-«Es una habilidad que he ido desarrollando con el tiempo; ha sido necesario hacerlo para conseguir que me hicieran caso, porque en realidad ya me ves, soy muy poquita cosa, muy chiquitín. Pero gracias a ella acostumbro a salirme siempre con la mía»- apostilló absolutamente orgulloso de ello- » Y te lo advierto: ni se te ocurra entrar ahí. Si lo haces ya no podrás volver a salir…JAMÁS».
-«¿Y qué hay ahí dentro?»-pregunté presa de la curiosidad. -«¡Nada que te importe, ni que te interese ni que necesites!» – me espetó de mal humor-«Tu estás muy bien aquí arriba. Si entras en ese agujero ya no podrás volver a ver tu mundo tal y como lo conoces….Además, acércate y mira un poco ahí dentro»-me dijo endulzando el tono de voz para intentar convencerme-«…es un lugar muy oscuro y frío; hay muchísima humedad y para más inri, huele mal. No parece un lugar demasiado agradable ¿verdad?¿En serio te planteas siquiera entrar ahí?»-me dijo en su intento por persuadirme.
-«Caray, pues…mucha gracias por tu advertencia, agradezco tu preocupación y consejos, aunque hay algo muy dentro de mi, no sé qué es, que me dice que debo saltar. Así que, por primera vez en mi vida, ME voy a hacer caso». -«Como entres ahí ya no habrá vuelta atrás, piénsalo bien; después no digas que no te lo advertí»-me avisó el pequeño gusano. -«Muchas gracias por todo; encantada de haberte conocido pero esta vez voy a escucharME. Adiós». Y tras despedirme, salté al interior de la madriguera mientras oía como el gusano refunfuñaba: «Bah….ahí va otra «hierbas».
Me dejé caer por el agujero mientras seguía escuchando la voz del gusano hasta que empecé a oír la mía propia: «¿En serio he saltado?¿De verdad?¿Detrás de algo similar a un conejo?¿Sin saber qué habrá al final del túnel?¿Sin saber siquiera si habrá final?…quizás no haya fondo y me quede descendiendo eternamente por la madriguera…»Al menos no estoy teniendo la sensación de caída libre, no parece que vaya a despachurrarme al llegar al final (si es que existe uno); es más bien una sensación de flotar, suave, tranquila, agradable, como de ingravidez. Como si no hubiera prisa por llegar al fin. A medida que avanzo van apareciendo distintas imágenes a mi alrededor que no me son desconocidas: fragmentos de mi vida, sucesos, recuerdos, ideas, creencias…todo eso va quedando atrás mientras me aproximo a mi objetivo: el fondo de la madriguera.
A medida que mi curiosidad aumenta, el peso de la mochila que llevo a mi espalda va disminuyendo y eso aligera mi caída. Estoy perdiendo por el camino todo lo que llevaba dentro y la voy sintiendo cada vez más ligera y liviana; creo que antes de llegar al fondo voy a deshacerme de ella.
No la necesitaré más. Ya no habrá nada que cargar.
De repente siento que saltar a este vacío (que en realidad no está resultando vacío en absoluto) es lo mejor que he podido hacer y ME agradezco haberME hecho caso, por una vez en mi vida.
El túnel de la madriguera es tan largo que me he quedado dormida mientras sigo cayendo. Sueño que el conejo al que persigo no es un ser distinto a mi, que no estamos separados, que no hay límites que nos diferencien al uno del otro, que en realidad no hay conejo….que solo hay un ser; ahora lo veo claro: me estoy persiguiendo a mi misma…me busco a mi, a mi verdadero yo, mi esencia, quién o qué soy en realidad…
Me despierto y soy consciente de que he dejado de caer. He llegado al fondo de la madriguera. Alguien me susurra al oído: «Despierta, desperta, esnatu, wake up» …
CONTINUARÁ…
«Si la felicidad se escapa, bailaré con el dolor…»
La Torre Picasso, Arde Bogotá
Mi Cuento (2ª parte)
Desmontando creencias heredadas (de 2ª, 3ª o 4ªmano)
Existe la creencia popular de que las segundas partes de las historias son peores que las primeras, que dar una segunda oportunidad no suele funcionar… Y eso de que segundas partes nunca fueron buenas son puras creencias heredadas. Teniendo en cuenta que ya no somos las mismas personas de antes, que el momento es distinto, que todo ha cambiado…lo que tiene lugar no es una segunda parte, sino que es una nueva historia; inédita. Nada que ver con la anterior. No es una segunda parte, es una nueva ocasión para vivir lo que propone la vida desde la curiosidad de descubrir acontecimientos, sin prejuicios, con apertura a lo que venga y confiando en que, sea lo que sea, es lo que necesitamos para seguir aprendiendo y evolucionando como persona.
Mi cuento (parte 2)
Oigo una voz a lo lejos, como un susurro: -«¡Desperta, esnatu, wake up, despierta!» Abro los ojos. Me siento algo aturdida. No recuerdo nada con claridad. Me duele la cabeza y no sé dónde estoy. El lugar es oscuro, húmedo, hace frío y huele mal. La imagen de un pequeño ciempiés advirtiéndome sobre ello aparece en mi mente y no llego a comprender por qué. La verdad es que huele fatal. ¡Apesta! Hace falta una buena limpieza aquí dentro. Me incorporo y me veo sola, en el centro de una gran habitación. Es redonda y estoy rodeada de espejos que me devuelven mi propia imagen totalmente deformada y distorsionada debido a la cantidad de polvo que los cubre. Son muy antiguos. Se nota a la legua que nadie se ha molestado nunca en realizar la mínima labor de mantenimiento del lugar. A través de la oscuridad se intuyen un montón de muebles viejos y trastos tirados por todos lados. Todo aquí dentro se encuentra en estado de abandono. Esto parece un vertedero. Empiezo a entender lo del olor a rancio. Además, aparte del agujero por el que he caído no hay puerta, ni ventanas ni ventilación ninguna.
Buahhhh, ¿qué es este lugar? ¿Quién en su sano juicio viviría en un sitio tan nauseabundo como este?
De repente recuerdo al gusano, y al conejo y la madriguera….y empiezo a sentirme mal. El ciempiés tenía toda la razón. No tendría que haber saltado dentro. Debería haberme quedado arriba, en ese bosque que tan bien conozco, en el que me siento bien, protegida, segura…además, ahora mismo está precioso todo, no como este lugar sucio, pestilente, nauseabundo… Tengo mucho frío y creo que dentro de poco voy a vomitar…y vomito ¡Lo que faltaba!
¡Jodido gusano! ¿Por que no le haría caso?
Me quedo arrinconada en la sala con mi espalda apoyada en uno de los espejos. Voy resbalando lentamente y acabo sentada en el suelo. Hundo mi cabeza entre las rodillas y las rodeo con mis brazos. Así me quedo no sé cuanto rato maldiciendo mi suerte y la que ya considero la peor elección de mi vida. Cierro los ojos y me abandono al momento. Me despierto por el frío y la humedad que cala mis huesos. Intento reponerme frotando mis brazos con fuerza. Decido ser práctica y analizar la situación: vamos a ver, si este lugar está lleno de cosas es porque alguien ha debido de estar aquí antes para colocarlas. Si ahora mismo este sitio está vacío…¡por algún lado ha tenido que salir quienquiera que haya estado aquí antes! Una idea aparece en mi cabeza: quizá el gusano estuviera equivocado. Puede que sí exista una salida. Que él no la conociera no implica que no exista. Me invade un sentimiento de esperanza que da algo de calidez a mi corazón. Tiene que haber una salida. Estoy segura de ello.
Abandono mi estado de letargo y me levanto, animosa, a buscar algún tipo de abertura ya sea puerta, ventana, agujero o túnel…lo que sea, cualquier tipo de orificio que me permita escapar de este grotesco, asqueroso, pútrido, repugnante….lugar. Escarbo, remuevo, hurgo, pongo todo patas arriba…pero nada. Ni el más mínimo resquicio de luz. No hay salida. La única opción es el larguísimo e impracticable agujero por el que he caído, pero no se me ocurre forma humana de trepar por él. Lo positivo que me proporciona la situación es que, durante el registro del espacio, encuentro cerillas y velas, así que las dispongo en distintos puntos de la habitación y una vez encendidas tengo una mejor visión del lugar; no parece tan patético con algo más de luz.
Intuyo que voy a tener que pasar una larga temporada aquí, así que creo que lo mejor que puedo hacer es adecentar el lugar para sentirme lo más cómoda posible. Limpio el polvo con un trapo que encuentro, organizo los muebles, que, una vez recolocados, no están tan mal… El mayor descubrimiento es que los espejos se anclan entre sí a través de un eje central que permite que puedan moverse y cambiar su posición. Empiezo a jugar con ellos y me doy cuenta de que responden a un patrón. Si se colocan en la forma adecuada pueden reflejar la luz procedente del exterior que se proyecta a través del largo túnel de la madriguera, que también cuenta don un sistema de espejos distribuidos estratégicamente a lo largo del agujero.
Poco a poco la estancia se ilumina y finalmente, la luz invade el lugar. Lo que antes parecían paredes que me impedían escapar de allí desaparecen; la luz disipa toda sombra. La supuestas paredes sólo eran eso…sombras, proyecciones mentales. Ni siquiera estaban allí. Mi miedo hizo todo el trabajo. De repente no hay muros, ni paredes, ni límites ni fronteras…¿Qué ha sucedido? Este ya no se asemeja el lugar en el que desperté. ¿Cómo ha podido cambiar de este modo?…o quizás lo que ha cambiado no ha sido el lugar, sino mi percepción del mismo, mi forma de ver, de interpretar, de entender…
Creo que empiezo a COMPREHENDERLO todo… Es de dentro hacia fuera.
Acabo de despertar de mi estado de vigilia.

«Tiene que haber una salida. Tiene que haber una salida. Siempre tendrás una salida….para tanto dolor»
La Salvación, Arde Bogotá
La práctica no cambió nada.
Me cambió a mí.
Y eso lo cambió todo.
Y esta soy yo.
No sé si esto cuenta como presentación, pero es lo único que sé hacer: decir la verdad.
No soy la típica guía que te habla de calma.
No creo en suavizar el dolor.
Creo en sentarte con él.
Mirarlo. Respirarlo.
Y quedarte.
No te enseño a relajarte.
Te acompaño a quedarte contigo…
incluso cuando lo único que quieres es salir corriendo.
Y TODAVÍA ESTOY DE CAMINO
No sé si algún día encontraré una respuesta definitiva a la pregunta de quién soy. Cada vez me interesa menos encontrarla.
Quizá porque he aprendido que no necesito llegar a ninguna versión final de mí misma para poder estar aquí.
Sigo aprendiendo. Sigo observando. Sigo equivocándome. Sigo volviendo.
Sigo en el camino.
Y quizá por eso puedo acompañarte en el tuyo. No desde un lugar al que ya llegué, sino desde el lugar en el que me encuentro ahora.
Cada historia tiene su propia travesía. Tú ya has empezado a conocer la mía.
¿Te atreves a ahondar en la tuya?
