MANANTIAL MINDFUL

Mindfulness sin anestesia: para sostener lo que arde, quemar lo que sobra y encontrar tu calma real.

¿Cuántas veces has respirado hondo… y el nudo seguía ahí?
Has probado a calmarte. A pensar en positivo. A desconectar. Pero nada se mueve.

Aquí no vienes a flotar.
Vienes a hundirte en lo que duele.
Y a emerger con lo que nadie te enseñó: presencia real.

Descubre el manantial que brota cuando dejas de escapar.
Con los pies en la tierra.
Y el corazón en llamas.

¿quién soy?

¿Sigues sintiendo curiosidad por conocerme?

mi cuento


Érase una vez que se era una niña no consciente en permanente búsqueda de ella misma, de mi misma. Estaba viviendo una travesía de retorno a casa pero no contaba con mapa, ni dirección alguna, ni siquiera tenía una mínima idea del camino que había de tomar. Vagaba por el mundo perdida, asustada, sola… Una soleada tarde de primavera en la que estaba ensimismada observando cómo las mariposas se posaban sobre las flores, algo que no pude identificar pasó velozmente por mi lado, rozándome el brazo; en ese mismo experimenté una sensación que nunca antes había sentido…fue como un escalofrío que recorrió mi cuerpo de abajo hacia arriba para tornarse en chispa que me incendió por dentro. Sin darme tiempo a pensar, mi instinto hizo que me levantara del suelo como un resorte y de repente me vi corriendo tras algo que ni siquiera había podido llegar a ver, pero que me llamaba a gritos. Hasta ese día habían sido gritos silenciosos, o quizás es que mis oídos habían estado sordos…pero esta vez los podía oír perfectamente.

Corrí por el bosque tan rápido como pude para no perder de vista aquello que estaba persiguiendo y que aún no sabía qué era. En una fracción de segundo me percaté de que era algo parecido a un conejo y se estaba metiendo en una gran madriguera…¡Qué extraño!…nunca antes la había visto a pesar de haber estado paseando infinidad de veces por aquél lugar…

Me acerqué rápidamente y algo dentro de mi me dijo: -«¡¡SALTA!!»- y justo cuando iba a hacerlo una voz gritó: -«¡PARA, STOP! ¿Dónde te crees que vas, desgraciada?» Busqué con la mirada de donde provenía semejante grito porque allí no parecía haber nadie….y ahí estaba él; un pequeño ciempiés que alzaba sus patitas con intención de detenerme.

-«¿Y qué hay ahí dentro?»-pregunté presa de la curiosidad. -«¡Nada que te importe, ni que te interese ni que necesites!» – me espetó de mal humor-«Tu estás muy bien aquí arriba. Si entras en ese agujero ya no podrás volver a ver tu mundo tal y como lo conoces….Además, acércate y mira un poco ahí dentro»-me dijo endulzando el tono de voz para intentar convencerme-«…es un lugar muy oscuro y frío; hay muchísima humedad y para más inri, huele mal. No parece un lugar demasiado agradable ¿verdad?¿En serio te planteas siquiera entrar ahí?»-me dijo en su intento por persuadirme.

-«Caray, pues…mucha gracias por tu advertencia, agradezco tu preocupación y consejos, aunque hay algo muy dentro de mi, no sé qué es, que me dice que debo saltar. Así que, por primera vez en mi vida, ME voy a hacer caso». -«Como entres ahí ya no habrá vuelta atrás, piénsalo bien; después no digas que no te lo advertí»-me avisó el pequeño gusano. -«Muchas gracias por todo; encantada de haberte conocido pero esta vez voy a escucharME. Adiós». Y tras despedirme, salté al interior de la madriguera mientras oía como el gusano refunfuñaba: «Bah….ahí va otra «hierbas».

De repente siento que saltar a este vacío (que en realidad no está resultando vacío en absoluto) es lo mejor que he podido hacer y ME agradezco haberME hecho caso, por una vez en mi vida.

El túnel de la madriguera es tan largo que me he quedado dormida mientras sigo cayendo. Sueño que el conejo al que persigo no es un ser distinto a mi, que no estamos separados, que no hay límites que nos diferencien al uno del otro, que en realidad no hay conejo….que solo hay un ser; ahora lo veo claro: me estoy persiguiendo a mi misma…me busco a mi, a mi verdadero yo, mi esencia, quién o qué soy en realidad…

Me despierto y soy consciente de que he dejado de caer. He llegado al fondo de la madriguera. Alguien me susurra al oído: «Despierta, desperta, esnatu, wake up» …

CONTINUARÁ…





¿Quién soy? (II)

Desmontando creencias heredadas (de 2ª, 3ª o 4ªmano)





Mi presentación más convencional

Me llamo Begoña.
No por herencia, ni por raíces vascas.
Simplemente… porque así me llamaron.
Y como todo en mi vida, lo que no entendí al principio
acabó encajando con el tiempo.

Nací en un pueblo de Barcelona.
Vivo en Donostia.
Y he tardado casi medio siglo en entender que mi hogar no es un lugar.
Es un latido que me lleva de vuelta a mí.

Nací en el ´76.
Soy madre.
Trabajadora Social. Instructora de mindfulness. Docente.
Y durante años fui experta en huir de mí misma
priorizando a cualquier otra persona antes que a mi.

Estudié Trabajo Social por vocación,
porque lo único que he tenido claro desde niña
es que quería aliviar el sufrimiento del mundo.
Y cuando no supe cómo hacerlo fuera,
empecé a buscar dentro.

Me formé como instructora de mindfulness en Zaragoza.
Y ahí empezó el verdadero viaje:
el que no se ve, pero lo cambia todo.

No soy la típica guía que te habla de calma.
No creo en suavizar el dolor.
Creo en sentarte con él.
Mirarlo. Respirarlo.
Y quedarte.

No te enseño a relajarte.
Te acompaño a quedarte contigo…
incluso cuando lo único que quieres es salir corriendo.

Creo en la educación como revolución.
En el silencio como acto político.
Y en la presencia como la forma más radical de amor.

MANIFIESTO DE MANANTIAL MINDFUL