¿quién soy?
Siempre digo que, para mi, esa es la pregunta del millón. No tengo una respuesta certera, no tengo ni idea de quién soy. Lo único que puedo decir con seguridad es que sigo avanzando en este viajazo que es la vida y espero descubrirlo (o acercarme todo lo que pueda) en algun momento. Lo que sí puedo asegurarte es que durante el trayecto que he recorrido he ido descubriendo, poniendo en práctica y guardando en mi caja distintas herramientas que, ahora, pongo a tu disposición. Para que puedas usar e ir descubriendo, poco a poco, qué es aquello que se esconde debajo de todas las alfombras con las que hemos ido tapando nuestra verdadera esencia.
¿Sigues sintiendo curiosidad por conocerme?
Si quieres conocerme un poco más puedo contarte un cuento….es lo que escribí el día en que me planteé seriamente la pregunta del millón…¿Quién soy yo? Más que esto no me puedo mostrar ante nadie…me estoy desnudando íntegramente ante ti.
mi cuento
Érase una vez que se era una niña no consciente en permanente búsqueda de ella misma, de mi misma. Estaba viviendo una travesía de retorno a casa pero no contaba con mapa, ni dirección alguna, ni siquiera tenía una mínima idea del camino que había de tomar. Vagaba por el mundo perdida, asustada, sola… Una soleada tarde de primavera en la que estaba ensimismada observando cómo las mariposas se posaban sobre las flores, algo que no pude identificar pasó velozmente por mi lado, rozándome el brazo; en ese mismo experimenté una sensación que nunca antes había sentido…fue como un escalofrío que recorrió mi cuerpo de abajo hacia arriba para tornarse en chispa que me incendió por dentro. Sin darme tiempo a pensar, mi instinto hizo que me levantara del suelo como un resorte y de repente me vi corriendo tras algo que ni siquiera había podido llegar a ver, pero que me llamaba a gritos. Hasta ese día habían sido gritos silenciosos, o quizás es que mis oídos habían estado sordos…pero esta vez los podía oír perfectamente.

Corrí por el bosque tan rápido como pude para no perder de vista aquello que estaba persiguiendo y que aún no sabía qué era. En una fracción de segundo me percaté de que era algo parecido a un conejo y se estaba metiendo en una gran madriguera…¡Qué extraño!…nunca antes la había visto a pesar de haber estado paseando infinidad de veces por aquél lugar…
Me acerqué rápidamente y algo dentro de mi me dijo: -«¡¡SALTA!!»- y justo cuando iba a hacerlo una voz gritó: -«¡PARA, STOP! ¿Dónde te crees que vas, desgraciada?» Busqué con la mirada de donde provenía semejante grito porque allí no parecía haber nadie….y ahí estaba él; un pequeño ciempiés que alzaba sus patitas con intención de detenerme.
-«¿Yo?¿Que qué hago yo?»-le contesté-«Pues saltar dentro…¿pero no has visto lo que acaba de entrar?» -«Por supuesto que lo he visto, ¿por quién me tomas? No soy ciego»-me respondió ofendido y elevando aún más el tono de su voz. -«Vaya, para ser tan pequeñito tienes una voz muy potente….» -observé extrañada.
-«Sí, bueno…»-me respondió con un atisbo de arrogancia-«Es una habilidad que he ido desarrollando con el tiempo; ha sido necesario hacerlo para conseguir que me hicieran caso, porque en realidad ya me ves, soy muy poquita cosa, muy chiquitín. Pero gracias a ella acostumbro a salirme siempre con la mía»- apostilló absolutamente orgulloso de ello- » Y te lo advierto: ni se te ocurra entrar ahí. Si lo haces ya no podrás volver a salir…JAMÁS».
-«¿Y qué hay ahí dentro?»-pregunté presa de la curiosidad. -«¡Nada que te importe, ni que te interese ni que necesites!» – me espetó de mal humor-«Tu estás muy bien aquí arriba. Si entras en ese agujero ya no podrás volver a ver tu mundo tal y como lo conoces….Además, acércate y mira un poco ahí dentro»-me dijo endulzando el tono de voz para intentar convencerme-«…es un lugar muy oscuro y frío; hay muchísima humedad y para más inri, huele mal. No parece un lugar demasiado agradable ¿verdad?¿En serio te planteas siquiera entrar ahí?»-me dijo en su intento por persuadirme.
-«Caray, pues…mucha gracias por tu advertencia, agradezco tu preocupación y consejos, aunque hay algo muy dentro de mi, no sé qué es, que me dice que debo saltar. Así que, por primera vez en mi vida, ME voy a hacer caso». -«Como entres ahí ya no habrá vuelta atrás, piénsalo bien; después no digas que no te lo advertí»-me avisó el pequeño gusano. -«Muchas gracias por todo; encantada de haberte conocido pero esta vez voy a escucharME. Adiós». Y tras despedirme, salté al interior de la madriguera mientras oía como el gusano refunfuñaba: «Bah….ahí va otra «hierbas».
Me dejé caer por el agujero mientras seguía escuchando la voz del gusano hasta que empecé a oír la mía propia: «¿En serio he saltado?¿De verdad?¿Detrás de algo similar a un conejo?¿Sin saber qué habrá al final del túnel?¿Sin saber siquiera si habrá final?…quizás no haya fondo y me quede descendiendo eternamente por la madriguera…»Al menos no estoy teniendo la sensación de caída libre, no parece que vaya a despachurrarme al llegar al final (si es que existe uno); es más bien una sensación de flotar, suave, tranquila, agradable, como de ingravidez. Como si no hubiera prisa por llegar al fin. A medida que avanzo van apareciendo distintas imágenes a mi alrededor que no me son desconocidas: fragmentos de mi vida, sucesos, recuerdos, ideas, creencias…todo eso va quedando atrás mientras me aproximo a mi objetivo: el fondo de la madriguera.
A medida que mi curiosidad aumenta, el peso de la mochila que llevo a mi espalda va disminuyendo y eso aligera mi caída. Estoy perdiendo por el camino todo lo que llevaba dentro y la voy sintiendo cada vez más ligera y liviana; creo que antes de llegar al fondo voy a deshacerme de ella.
No la necesitaré más. Ya no habrá nada que cargar.
De repente siento que saltar a este vacío (que en realidad no está resultando vacío en absoluto) es lo mejor que he podido hacer y ME agradezco haberME hecho caso, por una vez en mi vida.
El túnel de la madriguera es tan largo que me he quedado dormida mientras sigo cayendo. Sueño que el conejo al que persigo no es un ser distinto a mi, que no estamos separados, que no hay límites que nos diferencien al uno del otro, que en realidad no hay conejo….que solo hay un ser; ahora lo veo claro: me estoy persiguiendo a mi misma…me busco a mi, a mi verdadero yo, mi esencia, quién o qué soy en realidad…
Me despierto y soy consciente de que he dejado de caer. He llegado al fondo de la madriguera. Alguien me susurra al oído: «Despierta, desperta, esnatu, wake up» …
CONTINUARÁ…
«Si la felicidad se escapa, bailaré con el dolor…»
La Torre Picasso, Arde Bogotá
¿Quién soy? (II)
Desmontando creencias heredadas (de 2ª, 3ª o 4ªmano)
Existe la creencia popular de que las segundas partes de las historias son peores que las primeras, que dar una segunda oportunidad no suele funcionar… Y eso de que segundas partes nunca fueron buenas son puras creencias heredadas. Teniendo en cuenta que ya no somos las mismas personas de antes, que el momento es distinto, que todo ha cambiado…lo que tiene lugar no es una segunda parte, sino que es una nueva historia; inédita. Nada que ver con la anterior. No es una segunda parte, es una nueva ocasión para vivir lo que propone la vida desde la curiosidad de descubrir acontecimientos, sin prejuicios, con apertura a lo que venga y confiando en que, sea lo que sea, es lo que necesitamos para seguir aprendiendo y evolucionando como persona.
Mi Cuento (2ª parte)
Oigo una voz a lo lejos, como un susurro: -«¡Desperta, esnatu, wake up, despierta!» Abro los ojos. Me siento algo aturdida. No recuerdo nada con claridad. Me duele la cabeza y no sé dónde estoy. El lugar es oscuro, húmedo, hace frío y huele mal. La imagen de un pequeño ciempiés advirtiéndome sobre ello aparece en mi mente y no llego a comprender por qué. La verdad es que huele fatal. ¡Apesta! Hace falta una buena limpieza aquí dentro. Me incorporo y me veo sola, en el centro de una gran habitación. Es redonda y estoy rodeada de espejos que me devuelven mi propia imagen totalmente deformada y distorsionada debido a la cantidad de polvo que los cubre. Son muy antiguos. Se nota a la legua que nadie se ha molestado nunca en realizar la mínima labor de mantenimiento del lugar. A través de la oscuridad se intuyen un montón de muebles viejos y trastos tirados por todos lados. Todo aquí dentro se encuentra en estado de abandono. Esto parece un vertedero. Empiezo a entender lo del olor a rancio. Además, aparte del agujero por el que he caído no hay puerta, ni ventanas ni ventilación ninguna.
Buahhhh, ¿qué es este lugar? ¿Quién en su sano juicio viviría en un sitio tan nauseabundo como este?
De repente recuerdo al gusano, y al conejo y la madriguera….y empiezo a sentirme mal. El ciempiés tenía toda la razón. No tendría que haber saltado dentro. Debería haberme quedado arriba, en ese bosque que tan bien conozco, en el que me siento bien, protegida, segura…además, ahora mismo está precioso todo, no como este lugar sucio, pestilente, nauseabundo… Tengo mucho frío y creo que dentro de poco voy a vomitar…y vomito ¡Lo que faltaba!
¡Jodido gusano! ¿Por que no le haría caso?
Me quedo arrinconada en la sala con mi espalda apoyada en uno de los espejos. Voy resbalando lentamente y acabo sentada en el suelo. Hundo mi cabeza entre las rodillas y las rodeo con mis brazos. Así me quedo no sé cuanto rato maldiciendo mi suerte y la que ya considero la peor elección de mi vida. Cierro los ojos y me abandono al momento. Me despierto por el frío y la humedad que cala mis huesos. Intento reponerme frotando mis brazos con fuerza. Decido ser práctica y analizar la situación: vamos a ver, si este lugar está lleno de cosas es porque alguien ha debido de estar aquí antes para colocarlas. Si ahora mismo este sitio está vacío…¡por algún lado ha tenido que salir quienquiera que haya estado aquí antes! Una idea aparece en mi cabeza: quizá el gusano estuviera equivocado. Puede que sí exista una salida. Que él no la conociera no implica que no exista. Me invade un sentimiento de esperanza que da algo de calidez a mi corazón. Tiene que haber una salida. Estoy segura de ello.
Abandono mi estado de letargo y me levanto, animosa, a buscar algún tipo de abertura ya sea puerta, ventana, agujero o túnel…lo que sea, cualquier tipo de orificio que me permita escapar de este grotesco, asqueroso, pútrido, repugnante….lugar. Escarbo, remuevo, hurgo, pongo todo patas arriba…pero nada. Ni el más mínimo resquicio de luz. No hay salida. La única opción es el larguísimo e impracticable agujero por el que he caído, pero no se me ocurre forma humana de trepar por él. Lo positivo que me proporciona la situación es que, durante el registro del espacio, encuentro cerillas y velas, así que las dispongo en distintos puntos de la habitación y una vez encendidas tengo una mejor visión del lugar; no parece tan patético con algo más de luz.
Intuyo que voy a tener que pasar una larga temporada aquí, así que creo que lo mejor que puedo hacer es adecentar el lugar para sentirme lo más cómoda posible. Limpio el polvo con un trapo que encuentro, organizo los muebles, que, una vez recolocados, no están tan mal… El mayor descubrimiento es que los espejos se anclan entre sí a través de un eje central que permite que puedan moverse y cambiar su posición. Empiezo a jugar con ellos y me doy cuenta de que responden a un patrón. Si se colocan en la forma adecuada pueden reflejar la luz procedente del exterior que se proyecta a través del largo túnel de la madriguera, que también cuenta don un sistema de espejos distribuidos estratégicamente a lo largo del agujero.
Poco a poco la estancia se ilumina y finalmente, la luz invade el lugar. Lo que antes parecían paredes que me impedían escapar de allí desaparecen; la luz disipa toda sombra. La supuestas paredes sólo eran eso…sombras, proyecciones mentales. Ni siquiera estaban allí. Mi miedo hizo todo el trabajo. De repente no hay muros, ni paredes, ni límites ni fronteras…¿Qué ha sucedido? Este ya no se asemeja el lugar en el que desperté. ¿Cómo ha podido cambiar de este modo?…o quizás lo que ha cambiado no ha sido el lugar, sino mi percepción del mismo, mi forma de ver, de interpretar, de entender…
Creo que empiezo a COMPREHENDERLO todo… Es de dentro hacia fuera.
Acabo de despertar de mi estado de vigilia.

«Tiene que haber una salida. Tiene que haber una salida. Siempre tendrás una salida….para tanto dolor»
La Salvación, Arde Bogotá
Mi presentación más convencional
No sé si esto cuenta como presentación,
pero es lo único que sé hacer: decir la verdad.
Me llamo Begoña.
No por herencia, ni por raíces vascas.
Simplemente… porque así me llamaron.
Y como todo en mi vida, lo que no entendí al principio
acabó encajando con el tiempo.
Nací en un pueblo de Barcelona.
Vivo en Donostia.
Y he tardado casi medio siglo en entender que mi hogar no es un lugar.
Es un latido que me lleva de vuelta a mí.
Nací en el ´76.
Soy madre.
Trabajadora Social. Instructora de mindfulness. Docente.
Y durante años fui experta en huir de mí misma
priorizando a cualquier otra persona antes que a mi.
Estudié Trabajo Social por vocación,
porque lo único que he tenido claro desde niña
es que quería aliviar el sufrimiento del mundo.
Y cuando no supe cómo hacerlo fuera,
empecé a buscar dentro.
Me formé como instructora de mindfulness en Zaragoza.
Y ahí empezó el verdadero viaje:
el que no se ve, pero lo cambia todo.
No soy la típica guía que te habla de calma.
No creo en suavizar el dolor.
Creo en sentarte con él.
Mirarlo. Respirarlo.
Y quedarte.
No te enseño a relajarte.
Te acompaño a quedarte contigo…
incluso cuando lo único que quieres es salir corriendo.
Creo en la educación como revolución.
En el silencio como acto político.
Y en la presencia como la forma más radical de amor.
La práctica no cambió nada.
Me cambió a mí.
Y eso lo cambió todo.
No quiero que me sigas.
Quiero que te quedes.
Conmigo.
Contigo.
Con todo aquello que no suena bonito pero pide ser visto. Lo que arde e incomoda desde tu interior.
Si todo esto ha resonado contigo, no necesitas saber mucho más de mí.
Solo necesitas leer esto:
El manifiesto que da nombre a esta casa,
y voz a todas las personas que un día decidimos no suavizarnos más.
MANIFIESTO DE MANANTIAL MINDFUL
No somos luz todo el tiempo.
A veces también somos humo.
Grieta. Rabia. Ceniza.
Y no pasa nada.
Aquí no venimos a fingir calma.
Venimos a sostenernos en lo real.
No buscamos brillar.
Buscamos habitar.
Lo roto. Lo incómodo. Lo de verdad.
No creemos en la positividad a toda costa.
Creemos en quedarnos.
Incluso cuando no hay esperanza.
Incluso cuando lo único que quema… somos nosotras.
No estamos aquí para escapar.
Estamos aquí para mirar.
Para respirar.
Para no huir de nuevo.
Porque la única salida es hacia adentro.
Y ese camino… no siempre es bonito.
Pero siempre es nuestro.
No eres rara. Ni débil. Ni exagerada.
Solo estás sintiendo algo que el mundo te enseñó a silenciar.
Y aquí…
eso tiene lugar.
Somos muchas.
Pero hablamos bajito.
A veces lloramos fuerte.
A veces no decimos nada.
Y aún así, nos quedamos.
Rebeldes conscientes.
No por ruido.
Sino por verdad.
¿Quieres empezar?
No con calma.
Con presencia.
He preparado una práctica para quedarte contigo
cuando lo único que te sale es correr.
Déjame tu email y te la envío.
No te prometo paz.
Te prometo presencia.
Y a veces…
con eso basta. Aquí no venimos a sentirnos mejor.
Venimos a sentirnos, y punto.
Vivir con atención plena hacia lo que sucede en cada momento hace que cambie la percepción que tienes de cada situación